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Un local sin señalizar no parece desordenado, parece ilegal: qué carteles necesita tu negocio y dónde van

Tener las hojas de reclamaciones no sirve de nada si el cartel que las anuncia no está. Repasamos los carteles que la ley obliga a colgar en un local abierto al público, la señalización de accesibilidad que casi todos olvidan y cómo colocarlos para que de verdad se lean.

Interior de un comercio con un tablón de corcho en la pared, un cartel de accesibilidad junto a la puerta y portaprecios en las estanterías

Entras en un local pequeño, buscas el aseo y no hay ni una flecha. Preguntas el precio y te mandan a la caja. Quieres saber si hay hojas de reclamaciones y el de detrás del mostrador pone cara de no haberlo oído nunca. Puede que ese negocio venda bien, pero no lo parece. La señalización es eso: la parte del local que nadie mira hasta que falta.

Te lo digo sin rodeos. La mayoría de locales que veo no fallan por exceso de carteles, fallan por no tener los cuatro que importan. Y los pocos que sí señalizan suelen colgar los avisos tan altos, tan pequeños y en un sitio tan raro que, para el cliente, es como si no estuvieran.

Si tienes prisa, quédate con esto: cuatro carteles resuelven la parte legal (hojas de reclamaciones, precios, prohibido fumar y accesibilidad), y el resto del trabajo no es imprimir más, es colocar pocos donde la gente pasa de verdad.

Los carteles que no son decoración, son obligación

Hay avisos que no pones porque queden bonitos, sino porque te pueden sancionar si no están. Los que más se repiten:

  • Hojas de reclamaciones. Tienes que tenerlas y, además, anunciar que las tienes con un cartel visible del tipo «existen hojas de reclamaciones a disposición del consumidor». Lo pide la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista y lo concreta cada comunidad; en Galicia lo desarrolla la Ley 2/2012. Una hoja guardada en un cajón sin el cartel que la anuncia, para el cliente, no existe.
  • Precios a la vista. Si vendes un artículo, el precio tiene que estar expuesto, no depender de que tú lo digas en voz alta. Es el mismo texto legal, y es la razón por la que las estanterías de una tienda bien montada van llenas de portaprecios y no de folios escritos a mano.
  • Prohibido fumar. Ley 28/2005: en el acceso del local y en las zonas comunes. No es una recomendación, es cartel obligatorio.
  • Alérgenos, si sirves comida o bebida. El Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a que el cliente pueda consultarlos de forma clara y visible.

Y aparte está todo lo de seguridad y evacuación, que es otro mundo y ya lo contamos en el post sobre señalizar la oficina para una emergencia. Ahí lo que te juegas no es una multa: son segundos.

La accesibilidad es lo que más se olvida y lo que más se nota

Aquí hay un detalle que se escapa casi siempre. Según el Código Técnico de la Edificación, sección SUA 9, todo local de uso público tiene que garantizar al menos un itinerario accesible desde el exterior, y los elementos accesibles (aseos adaptados, plazas de aparcamiento) llevan su señalización con el símbolo internacional de accesibilidad. Los ascensores accesibles van señalizados y, además, con el número de planta en braille y en arábigo en alto relieve, en la jamba derecha, entre 0,80 y 1,20 metros de altura. En Galicia, por si faltaba, sigue vigente parte del Decreto 35/2000 sobre accesibilidad y supresión de barreras, así que la norma autonómica también entra en juego.

¿Cuántos locales tienen un aseo adaptado que el cliente no encuentra porque no hay ni una señal? Muchos. Y es lo peor de todo: has pagado la obra, has cumplido la parte cara y luego nadie la usa porque no la ve. Una plaza de aparcamiento accesible mal señalizada es dinero tirado al suelo.

La señalización accesible no es un adorno moral. Es la diferencia entre tener un servicio y tenerlo escondido.

Tu cartel no se lee, y casi nunca es por el texto

Antes de imprimir nada, haz la prueba. Ponte donde está el cliente y mira tu cartel a la distancia real. Si tienes que entrecerrar los ojos, no funciona.

La regla que uso viene de la señalización técnica: la altura de la letra (H) debería ser, como mínimo, la distancia de lectura (L) dividida entre 200. Traducido a la práctica: para leer un cartel a 4 metros hacen falta letras de unos 2 cm de alto. A 10 metros, 5 cm. Duplicar la distancia duplica la letra, así que lo que se lee de cerca no se lee desde la puerta.

Y luego están los tres errores de colocación que veo una y otra vez:

  • Colgar el cartel a dos metros y medio, como un cuadro. El aviso útil vive a la altura de los ojos, entre 1,4 y 1,7 metros.
  • Ponerlo en la pared donde no pasa nadie. Un cartel junto al pasillo por el que va todo el mundo vale más que el mismo cartel en la puerta de la sala, donde ya no hace falta.
  • Dejarlo puesto para siempre. Un tablón con avisos de hace dos años entrena al cliente a no mirarlo nunca.

Ahí es donde un tablero de anuncios de corcho como el Nobo de 585×430 mm cumple mejor que un vinilo pegado: es un soporte que puedes mantener vivo, con avisos que entran y salen, en lugar de un cartel impreso que caduca el mismo día que lo pegas.

Con qué se monta esto sin hacer obra

No hace falta reformar nada. Casi todo lo que necesitas para señalizar un local se coloca con un taladro pequeño, cinta de doble cara o una ventosa, y hay opciones para todos los presupuestos.

Para los avisos que tienen que verse de lejos y en cualquier condición, el paso firme son los carteles de señalización de plástico. Un ejemplo que se usa un montón: el cartel plegable de «peligro, suelo resbaladizo» de Q-Connect, que se abre solo cuando hace falta y se guarda plano el resto del día.

Para la puerta, los carteles de «se vende» y «se alquila» vienen en dos tamaños, unos 10 € el pequeño y unos 22 € el grande, y hay letreros de abierto/cerrado serigrafiados en aluminio con cadena y ventosa, que no necesitan taladro.

Para vender con el precio a la vista, un soporte portaprecios adhesivo de estantería cuesta menos por metro que una barra de pan, y una etiqueta marcaprecios en pack de 50 sale a unos 15 céntimos la unidad. Y si lo que quieres es una zona de avisos interna, un atril de sobremesa con ángulo ajustable baja de los 5 €, mientras que un tablero de corcho o fieltro de pared va desde unos 18 € el pequeño hasta más de 130 € el grande. Todo eso lo tienes en el catálogo de paneles y señalización, junto al resto del material de oficina.

Cuándo merece la pena encargarlo rotulado

Imprimir un cartel en casa es tentador y sale casi gratis. El problema no es el papel: es que un folio pegado con celo se despega, se arruga y grita «aquí no había presupuesto». Y para un aviso que va a estar años en la pared, con la imagen de tu negocio detrás, la diferencia entre hacerlo tú y encargarlo no es el precio del folio, sino cuánto dura y cómo queda.

La línea que suelo marcar es esta: imprimes tú lo que cambia cada semana (horarios, promociones, listas). Encargas lo que te representa y va a durar: el rótulo de la puerta, los carteles de normas, las placas de aseo y accesibilidad, el panel de precios. Si te da pereza andar comparando vinilo, metacrilato y lona, es justo el tipo de trabajo que hacemos con impresión, rotulación y cartelería a medida, sin que tengas que decidir el material tú solo.

Y una última cosa antes de imprimir de más. Cada cartel que pones compite con el resto. Si en la puerta hay ocho avisos, no se lee ninguno. Pon los cuatro que de verdad importan, colócalos donde la gente mira y quita lo demás. Se nota, y no solo en la multa que te ahorras.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio tener un cartel de hojas de reclamaciones?

Sí, en los negocios obligados a disponer de ellas. Y no basta con tenerlas: hay que anunciar que existen con un cartel visible en el local. Lo exige la Ley 7/1996 de Ordenación del Comercio Minorista y lo concreta la normativa de consumo de cada comunidad autónoma, en Galicia la Ley 2/2012.

¿Qué carteles necesita un local abierto al público?

Como mínimo, los de la parte legal que le afecten: hojas de reclamaciones, precios a la vista, prohibido fumar y alérgenos si sirves comida o bebida. A partir de ahí, añade los de accesibilidad, con el símbolo internacional de accesibilidad, y los de seguridad y evacuación.

¿A qué altura y con qué tamaño se coloca un cartel?

A la altura de los ojos, entre 1,4 y 1,7 metros. Para el tamaño, usa la referencia de que la letra mida al menos la distancia de lectura dividida entre 200: unos 2 cm de alto para leerse a 4 metros.

¿Puedo imprimir los carteles yo mismo o es mejor encargarlos?

Lo que cambia a menudo, imprímelo tú sin problema. Lo que va a durar y representa a tu negocio, mejor encargarlo: aguanta más la luz y el roce, y no deja la misma impresión que un folio pegado con celo.

Si tienes un local y no sabes por dónde empezar, cuéntanos cómo es y te decimos qué carteles necesita y en qué material. Empieza por los cuatro obligatorios, colócalos bien y el resto vendrá solo.

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